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15 septiembre 2020

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¿Quieres educar en virtudes a tus hijos?

¿Quieres educar en virtudes a tus hijos?

Ideas para ayudarlos a crecer

Por
Marina Guzmán Mijares
Máster en Educación
 
Carolina López Zúñiga
Máster en Psicopedagogía
 
 
 
 
 
 
 
 

 

“Comenzar este proceso a edades tempranas nos permitirá que el niño adquiera esos hábitos más fácilmente”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Lo que busca esta educación en virtudes es la excelencia humana»

Todos los padres queremos que nuestros hijos crezcan y sean buenas personas, con carácter firme, responsables, justos y un sinfín más de rasgos positivos. Sin embargo, no siempre sabemos cómo lo vamos a alcanzar o si es algo que depende de la casualidad y la suerte.

 

La buena noticia es que sí se puede desarrollar, se puede ejercitar mejor dicho, mediante la adquisición de virtudes. Podríamos definir una virtud como la disposición habitual y firme a hacer el bien que permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas.

 

David Isaacs en su libro LA EDUCACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS Y SU EVALUACIÓN explica que una virtud puede desarrollarse de acuerdo con la intensidad con que se vive y con la rectitud de los motivos al vivirla. Podríamos preguntarnos entonces, ¿es posible educar en virtudes desde la infancia? De ser afirmativo, ¿Cómo será el modo ideal de hacerlo?


EL ROL DE LOS PADRES


Como protagonistas de la educación de nuestros hijos, los padres debemos ser los primeros y más interesados en desarrollar las virtudes en ellos, comenzando en el ámbito familiar y conociendo el papel fundamental que tendrán en la formación de su carácter. La educación en las virtudes comienza en la infancia y se trabaja de forma constante mediante hábitos hasta que la persona consigue su madurez. Comenzar este proceso a edades tempranas nos permitirá que el niño adquiera esos hábitos más fácilmente y los pueda interiorizar de forma natural a medida que va creciendo. Comúnmente escuchamos decir que queremos que nuestros hijos crezcan en valores, y está muy bien, pero el valor es algo abstracto que está lejano a nosotros, mientras que la virtud implica a la propia persona, requiere interiorizarla y vivirla.

 

Un elemento fundamental en el desarrollo de las virtudes es el entrenamiento de la voluntad del niño. No es simplemente realizar un acto rutinario, mecánico e inconsciente, es finalmente querer esforzarse por conseguir eso que se está planteando. Es enseñar al niño a querer querer.

 

Para desarrollar una virtud es necesario la repetición de actos específicos que orienten hacia ella, por lo tanto los padres y educadores exigirán con cariño y siempre con un enfoque positivo. Se debe tener claro qué se quiere conseguir y qué medios se van a poner en práctica.

 

No debemos pensar o preocuparnos de que se requiera un nivel de perfección propia para enseñar o modelar un comportamiento en el niño, pero sí estar conscientes de que si todos luchamos por mejorar en algo, podremos alcanzar eso que nos hemos planteado. Recomendamos aprovechar las situaciones o acontecimientos diarios para trabajar los hábitos que nos permitirán adquirir las virtudes propuestas. Es decir, debemos ser conscientes de lo que estaremos trabajando, del tiempo que nos puede tomar, de la edad del niño y de sus características propias.

 

No es posible trabajar las virtudes improvisando. Nuestra formación continua como padres permite conocer el momento ideal para ir desarrollando estas virtudes, nos brindan herramientas oportunas para ir entendiendo las etapas del desarrollo y de esta manera conocer mejor a nuestros hijos. Esta consciencia como padres nos permite aprovechar situaciones cotidianas sencillas, en forma de oportunidades para ir educando con pequeñas acciones las virtudes. Lo que busca esta educación en virtudes es la excelencia humana, buscar hacer bien lo que me proponga y siempre con el máximo esfuerzo.


EJEMPLOS DE HÁBITOS PARA CONSEGUIR
VIRTUDES


Orden, obediencia, alegría, responsabilidad, sinceridad, generosidad, fortaleza son algunas de las virtudes que podemos trabajar en nuestros hijos mediante actos concretos. Es muy importante ser conscientes que todos los niños son diferentes y que dependerá de lo que cada uno pueda dar, no podemos exigir a todos por igual.

 

Para los más pequeños (0-6 años)

 

ORDEN: podemos procurar que nuestros hijos guarden los zapatos en su lugar, recojan los juguetes al terminar de jugar, tengan un horario.

 

OBEDIENCIA: podemos trabajar el hacer caso a papá y mamá, respetar las normas que como familia hemos dispuesto en la casa, tener algún encargo en la casa que contribuya con el ambiente familiar.

 

SINCERIDAD: podemos ayudarlos a decir la verdad al equivocarse, pedirles su opinión sobre algún asunto, pedirles que cuenten cómo estuvo su día en la escuela.

 

Para los más grandes (6-12)

 

Para trabajar con los niños más grandes podemos continuar reforzando los hábitos mencionados anteriormente y agregar unos más complejos.

 

GENEROSIDAD: podemos enseñarles a compartir con los otros miembros de la familia, ayudar a personas necesitadas, dedicar tiempo a los que nos rodean.

 

RESPONSABILIDAD: hacer la tarea, ayudar a poner la mesa, clasificar el reciclaje, tener un encargo, poner pasta a los cepillos de dientes, hacerse cargo de una mascota.

 

FORTALEZA: respetar los horarios de uso de tecnología, comer de todo lo que se prepara en casa, terminar alguna tarea que se comienza.

 

Es importante recordar que el desarrollo de estas virtudes conlleva a un esfuerzo familiar, es un proceso, requiere de tiempo y de compromiso. Si tenemos claro como familia qué queremos para nuestros hijos y lo vivimos con optimismo este proceso a final de cuentas se disfruta y se comparte. ¡Vale la pena!

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