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12 diciembre 2020

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Casa Noticias

Los estilos de autoridad y la identidad familiar

Los estilos de autoridad y la identidad familiar

Por
Marina Guzmán Mijares
Máster en Educación
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

““…el estar demasiado encima les limita, les condiciona, les crea una dependencia que no es sana y que les inmoviliza.””

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

““En una familia que ‘funciona’, todos los miembros se parecen un poco…”«

En un artículo previo comentábamos cómo podemos educar a nuestros hijos en virtudes y aunque especificamos actos concretos para poner en práctica acorde a la edad de nuestros hijos, este proceso nos puede parecer lejano o utópico porque pensamos… no soy un papá perfecto, soy una mamá con muchos defectos, ¿cómo con mi carácter voy a lograr algo así? Y es que cada padre y cada madre tiene un estilo propio y con él debemos educar.

Ahora bien, hay distintas formas de ejercer nuestro rol de padres y mucho de lo que logremos dependerá del estilo de autoridad que utilicemos y del tipo de padre que nos propongamos ser.


ESTILO DE AUTORIDAD


Veamos entonces en este sentido los diferentes estilos de autoridad. Escuchaba el otro día una charla donde se nombraban los siguientes estilos de autoridad: estilo autoritario, permisivo, proteccionista y desertor. Estos tipos de autoridad se enmarcan según el exceso o el defecto de la protección y la autoridad.

 

Proteccionista: El padre proteccionista se enfoca o centra su energía en proteger a su hijo y está muy bien, todos quisiéramos evitar a nuestro hijo o hija cualquier tipo de mal, pero el estar demasiado encima les limita, les condiciona, les crea una dependencia que no es sana y que les inmoviliza. En muchos casos les ‘asfixia’ y a largo plazo crea jóvenes o adultos inseguros, incapaces de asumir tareas o responsabilidades.

 

Desertor: El padre o madre desertor diría yo que no es muy común en nuestro entorno; es el padre o madre que no participa en la educación de su hijo, no educa, actúa con ‘dejadez’ como si esa tarea no dependiera de él y se diera por casualidad… o a “como va viniendo vamos viendo”, en la mayoría de los casos improvisando.

 

Autoritario: Este estilo es rígido, hay muchas reglas y muchas prohibiciones. No se puede opinar, es así y punto. Hay que cumplir unas expectativas usualmente exigentes. Así como el proteccionista, este estilo inmoviliza a los hijos, les hace actuar o no actuar por miedo en vez de por respeto a sus padres y muchas veces les lleva a la frustración al no poder alcanzar esos estándares que colocan sus padres para él o ella. Podríamos decir que es un estilo cerrado donde no hay espacio para la comunicación entre las partes sino unidireccional de los padres hacia los hijos usualmente para dar órdenes o instrucciones.

 

Permisivo: Por el contrario, los padres permisivos no quieren establecer límites, quieren que el hijo haga lo que quiera cuando quieran, no exigen, sienten que cualquier norma es coartar la libertad del hijo. Opinan que lo mejor es que los hijos escojan y tomen decisiones sin tener en cuenta la edad o madurez del mismo.

 

Entonces, ¿qué estilo debemos adoptar? Definitivamente un poquito de cada uno de esos estilos. Los niños, desde que son pequeños, necesitan crecer en un ambiente donde hayan ciertas reglas y límites, primero porque les da seguridad y segundo les enseñan a que no todo se puede hacer, hay que respetar el entorno y que vivimos en un mundo rodeados de personas y nuestras acciones afectan a esas personas. Como al manejar, no puedo ir por la vía que quiero sino por la que me corresponde y debo parar si el semáforo está en rojo. Una vez que los padres han definido los límites que pondrán a sus hijos (pocos y constantes) deben dar espacio a los hijos según la edad y madurez que tengan: que puedan tomar decisiones, escoger, conocerse, encontrar sus gustos, inventar… en  resumen que ejerzan su libertad… que puedan actuar y en muchos casos equivocarse y reconocer el error. Además de esto, claro que debemos cuidarlos, protegerlos de peligros pero sin obsesión. Conociendo estos estilos, ¿cómo puedo incluirlos en mi propio estilo, en la identidad propia de mi familia?


IDENTIDAD Y ESTILO FAMILIAR


Entra aquí entonces la identidad y estilo de cada familia. “En una familia que ‘funciona’, todos los miembros se parecen un poco, precisamente porque la convivencia les asimila en los pequeños y grandes modos de estar en el mundo”1. Dentro de una familia sus miembros comparten habilidades y gustos. Quizás venimos de una familia con habilidades musicales: casi todos los miembros tocan instrumentos o cantan muy bien o son muy intelectuales: aman la lectura y el estudio, o atletas: practican un deporte y ganan campeonatos… también habrá alguna familia donde todos sus integrantes hablan muy duro o suelen ser chistosos (son ejemplos menos sofisticados pero a la vez muy divertidos).

 

Lo importante es que cada familia tenga unos rasgos que la caractericen, ese estilo propio donde cada uno de sus miembros siendo único y poseyendo una identidad propia aporte al hogar. Los primeros formadores de esa identidad serán los padres que poco a poco irán estableciendo las reglas que quieran para su familia, sus costumbres propias y sobretodo que creen un ambiente de cariño y apertura, de comunicación e intercambio y que adopten un estilo de autoridad que fomente la libertad, donde haya exigencia y mucho cariño, donde se comparta, se disfrute y se ayude a crecer.

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